"Un mundo nace cuando dos se besan."
Octavio Paz
En la infinitud, que es la nada y es el todo, el tiempo y el espacio se fundieron en un beso único y apasionado, lleno de esa fuerza que caracteriza a los grandes acontecimientos y a las ideas etéreas por estar cargadas de nobleza, y de tal forma nació el afuera, la realidad, el universo de las probabilidades infinitas como el origen. Y luego de que el beso sublime no cesara en los eones, cierto instante tan efímero como cualquiera de sus hermanos en el discurrir del agua eterna nació, con el movimiento de lo corpóreo sobre lo vacuo, una extensión de realidad que el ser consciente habría algún día de llamar existencia, la consolidación de la posibilidad cuántica más hermosa.
Pero habrían de seguir las épocas y ocurrió que (pues el beso seguía) el vapor se convirtió en cristal y en una esfera orbitante, tan parte de la eternidad como toda materia y energía, ocurrió la casualidad científica que es la magia del poeta: floreció la vida. Y con la vida, el tiempo y el espacio sintieron que todo cobraba sentido, que ellos mismos eran ahora no más que siervos del más específico resultado de una demostración de amor.
Poco fue necesario para que la vida se tornara compleja, pues en los dados del destino metafórico sólo bastan el tiempo y el espacio para que cualquier evento acaezca. Y un día el sonido intencionado brotó, el sonido que desafiaba los dados cósmicos al estar sometido a una voluntad individual. Y sucedió que se convirtió en palabras en una de las creaciones naturales: el hombre. A partir de entonces, las palabras, movimientos en el éter, se encargaron de hacer nacer más realidades, y por tanto más existencias en el universo de las probabilidades infinitas al ser ellas aleteos de mariposas. Y la vida nació en otras formas como consecuencia, en otros sitios de la eternidad, en otros tiempos de la eternidad. Al ver tal maravilla, tal espectáculo digno del llanto de la pareja creadora, ésta se tomó con mayor intensidad y el beso interminable se volvió aún más increíble, a tal grado que el hombre, como parte de lo eterno, se vio iluminado por la pasión de los enamorados y comenzó a imitarlos. Y hubo así más realidades, y en el tiempo y sobre el espacio la consecuencia fue más existencias con sus inevitables vidas en los eones.
Y hasta el día de hoy, aquello continúa, porque el día de hoy es parte de la infinitud, y lo es la infinitud misma. Todo tiende al caos pero la antítesis del caos es el orden, y el caos y el orden se besan en contacto sin término y la existencia se prolonga hasta el fin que es el inicio. El eterno retorno es ley del universo y es él mismo dos palabras del amor del espacio por el tiempo que por tanto crea. Y los besos crean en tanto sean reproducción de ese amor que el hombre copia de sus padres cósmicos.
viernes, 5 de febrero de 2010
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