"Un mundo nace cuando dos se besan."
Octavio Paz
En la infinitud, que es la nada y es el todo, el tiempo y el espacio se fundieron en un beso único y apasionado, lleno de esa fuerza que caracteriza a los grandes acontecimientos y a las ideas etéreas por estar cargadas de nobleza, y de tal forma nació el afuera, la realidad, el universo de las probabilidades infinitas como el origen. Y luego de que el beso sublime no cesara en los eones, cierto instante tan efímero como cualquiera de sus hermanos en el discurrir del agua eterna nació, con el movimiento de lo corpóreo sobre lo vacuo, una extensión de realidad que el ser consciente habría algún día de llamar existencia, la consolidación de la posibilidad cuántica más hermosa.
Pero habrían de seguir las épocas y ocurrió que (pues el beso seguía) el vapor se convirtió en cristal y en una esfera orbitante, tan parte de la eternidad como toda materia y energía, ocurrió la casualidad científica que es la magia del poeta: floreció la vida. Y con la vida, el tiempo y el espacio sintieron que todo cobraba sentido, que ellos mismos eran ahora no más que siervos del más específico resultado de una demostración de amor.
Poco fue necesario para que la vida se tornara compleja, pues en los dados del destino metafórico sólo bastan el tiempo y el espacio para que cualquier evento acaezca. Y un día el sonido intencionado brotó, el sonido que desafiaba los dados cósmicos al estar sometido a una voluntad individual. Y sucedió que se convirtió en palabras en una de las creaciones naturales: el hombre. A partir de entonces, las palabras, movimientos en el éter, se encargaron de hacer nacer más realidades, y por tanto más existencias en el universo de las probabilidades infinitas al ser ellas aleteos de mariposas. Y la vida nació en otras formas como consecuencia, en otros sitios de la eternidad, en otros tiempos de la eternidad. Al ver tal maravilla, tal espectáculo digno del llanto de la pareja creadora, ésta se tomó con mayor intensidad y el beso interminable se volvió aún más increíble, a tal grado que el hombre, como parte de lo eterno, se vio iluminado por la pasión de los enamorados y comenzó a imitarlos. Y hubo así más realidades, y en el tiempo y sobre el espacio la consecuencia fue más existencias con sus inevitables vidas en los eones.
Y hasta el día de hoy, aquello continúa, porque el día de hoy es parte de la infinitud, y lo es la infinitud misma. Todo tiende al caos pero la antítesis del caos es el orden, y el caos y el orden se besan en contacto sin término y la existencia se prolonga hasta el fin que es el inicio. El eterno retorno es ley del universo y es él mismo dos palabras del amor del espacio por el tiempo que por tanto crea. Y los besos crean en tanto sean reproducción de ese amor que el hombre copia de sus padres cósmicos.
viernes 5 de febrero de 2010
jueves 21 de enero de 2010
Reach out for the light
Los cielos se habían tornado negros como el alma de Mefisto luego de que aquella luz radiante aclarara la vista del príncipe sobre la realidad turbada que percibía: el enemigo lo había engañado con falsas promesas para recuperar su confianza, y el caballero le dio la oportunidad de reivindicarse; pero la maldad es inocultable, y el demonio con disfraz de hembra terminó por mostrar los colmillos de frustración e infelicidad. Tomó el camino cobarde al ver que nada había por hacer que convenciera a la fuerte voluntad del príncipe para caer en la tentación, para sustituir con lujuria falsa la armonía; y convirtió el firmamento, ya gris, al tono de las tinieblas.
Pero ocurrió la magia. La planta que se negaba a crecer ante los ojos de nubes grises se fortaleció en presencia de la oscuridad que para ella era luz, como los ojos de su caballero, y se alargaron sus pétalos de tal forma que devoraron la penumbra opresora del corazón, y los rayos de las estrellas que pueden verse en el reino de Benetnasch pudieron de nuevo hacerse presentes y dar la vida.
Hoy día el demonio finge, presume ante los otros de su estirpe sobre haber puesto aquel velo de sombras a los cielos, sabiendo por dentro que cometió el peor error de su vida: engañarlo. El caballero hoy cabalga sobre Espíritu, su corcel, pero ya no se aleja de la oscuridad sino se adormece en el destello de la flor que él con esmero cuidó. Y la flor dobla sus pétalos y lo abraza en infinitud y lo cubre con la nobleza que el demonio jamás tuvo.
Pero ocurrió la magia. La planta que se negaba a crecer ante los ojos de nubes grises se fortaleció en presencia de la oscuridad que para ella era luz, como los ojos de su caballero, y se alargaron sus pétalos de tal forma que devoraron la penumbra opresora del corazón, y los rayos de las estrellas que pueden verse en el reino de Benetnasch pudieron de nuevo hacerse presentes y dar la vida.
Hoy día el demonio finge, presume ante los otros de su estirpe sobre haber puesto aquel velo de sombras a los cielos, sabiendo por dentro que cometió el peor error de su vida: engañarlo. El caballero hoy cabalga sobre Espíritu, su corcel, pero ya no se aleja de la oscuridad sino se adormece en el destello de la flor que él con esmero cuidó. Y la flor dobla sus pétalos y lo abraza en infinitud y lo cubre con la nobleza que el demonio jamás tuvo.
domingo 13 de diciembre de 2009
De la inteligencia y la pretensión
Estoy seguro de que todos conocemos a alguien así: típico (o típica) imbécil que se siente parido(a) por los dioses del Olimpo; y parece inevitable que esta escoria ande caminando por ahí, entre nosotros. En mi humilde punto de apreciación, no es un problema el ego per se, sino, como decía no recuerdo qué escritor, que lo tengas mal acomodado, o que no se ubiquen tus pretensiones sobre la base de tu realidad; que sean sólo eso, pretensiones.
Voy al grano...
Todos tenemos habilidades distintas; hay individuos buenos para nadar, otros para correr, otros para cocinar. Pero por encima de todas estas cosas, lo que separa a nuestra especie de las demás es lo que conocemos como inteligencia en el sentido más amplio de la palabra, es decir, el raciocinio. Partiendo de esta premisa, los seres más "humanos" (también en lato sensu) son los que tienen mejor desarrollado su intelecto.
Es realmente molesto que un linebacker del equipo de americano de tu facultad piense que es capaz de escribir poesía sublime cuando sus bíceps son lo único bien desarrollado que tiene (entiéndase que no tiene más capacidad pensante o sensible que un mono entrenado para fumar); e igual de desesperante es que, con esta corriente absurda del feminismo, la mujer más pendeja del universo, por el solo hecho de ser mujer, ya se crea más inteligente que todos los hombres, capaz de manipularlos y lo peor, merecedora del control que viene con la manipulación. Sacrebleu!
La verdad es que el deportista aquel podría jactarse de sus capacidades como defensa, y la chica quizás de su belleza, si la tuviera, o de cualquier otro talento, pero jamás de la inteligencia (en su stricto sensu) que no poseen.
El primer capítulo de la quinta temporada de House es quizás mucho más expresivo a este respecto que yo mismo; y quien piense que la filosofía de un escritor de guiones de series es despreciable por no venir de un ridículamente antiguo literato griego o latino, no ha aprendido aún a aprender del mundo que lo rodea. La paciente es una subordinada, precisamente porque sus capacidades intelectuales y de fuerza de personalidad son menores a las de su jefa; la doctora ("Trece") le dice cuando se entera de que ha sido reemplazada por seguir internada en el hospital al no ver su enfermedad solución, que no puede dejar que la traten así, que no se puede llamar a sí misma feminista pensando de tal forma, que las mujeres pueden tener cualquier cosa. La chica contesta "No, no podemos. Podemos aspirar a cualquier cosa, pero algo no se consigue solo porque lo desees. Preferiría pasar mi vida cerca de las aves, que desperdiciarla deseando tener alas".
A modo de continuación, y a su vez de conclusión, y citando de nuevo a la paciente del episodio mencionado: "No nacemos iguales". Cada persona es distinta, hay quienes poseen una gran cantidad de capacidades, otros que no; la mente de algunos sobresale incluso entre la de los demás humanos, la de otros a duras penas supera a un Border Collie. ¿Pretender ser inteligente hará que, al final lo seas? Es lo más estúpido que tu previa estupidez podría pensar. Naciste promedio, vive con ello, punto, porque así es tu naturaleza (si hay un promedio, significa que hay alguien bajo él y alguien por encima de él). Por más que el sociólogo todo lo quiera ver desde el punto de vista de la crianza y la educación, el científico siempre ganará con el argumento irrebatible: la genética. No puedes volver listo a un completo imbécil; acaso puede la crianza reducir el grado de estupidez. Ser de bajo intelecto no es una vergüenza; es simplemente formar parte de un inexorable sector de la humanidad. Acéptalo tal cual es y no pretendas volar cuando jamás tendrás alas.
En tierra también se pueden hacer grandes, enormes cosas. Hazlo entonces, sé veloz guepardo y conquista lo que está a tu alcance, y deja de creer que podrías acompañar en su vuelo al águila cabeza blanca.
Au revoir!
Voy al grano...
Todos tenemos habilidades distintas; hay individuos buenos para nadar, otros para correr, otros para cocinar. Pero por encima de todas estas cosas, lo que separa a nuestra especie de las demás es lo que conocemos como inteligencia en el sentido más amplio de la palabra, es decir, el raciocinio. Partiendo de esta premisa, los seres más "humanos" (también en lato sensu) son los que tienen mejor desarrollado su intelecto.
Es realmente molesto que un linebacker del equipo de americano de tu facultad piense que es capaz de escribir poesía sublime cuando sus bíceps son lo único bien desarrollado que tiene (entiéndase que no tiene más capacidad pensante o sensible que un mono entrenado para fumar); e igual de desesperante es que, con esta corriente absurda del feminismo, la mujer más pendeja del universo, por el solo hecho de ser mujer, ya se crea más inteligente que todos los hombres, capaz de manipularlos y lo peor, merecedora del control que viene con la manipulación. Sacrebleu!
La verdad es que el deportista aquel podría jactarse de sus capacidades como defensa, y la chica quizás de su belleza, si la tuviera, o de cualquier otro talento, pero jamás de la inteligencia (en su stricto sensu) que no poseen.
El primer capítulo de la quinta temporada de House es quizás mucho más expresivo a este respecto que yo mismo; y quien piense que la filosofía de un escritor de guiones de series es despreciable por no venir de un ridículamente antiguo literato griego o latino, no ha aprendido aún a aprender del mundo que lo rodea. La paciente es una subordinada, precisamente porque sus capacidades intelectuales y de fuerza de personalidad son menores a las de su jefa; la doctora ("Trece") le dice cuando se entera de que ha sido reemplazada por seguir internada en el hospital al no ver su enfermedad solución, que no puede dejar que la traten así, que no se puede llamar a sí misma feminista pensando de tal forma, que las mujeres pueden tener cualquier cosa. La chica contesta "No, no podemos. Podemos aspirar a cualquier cosa, pero algo no se consigue solo porque lo desees. Preferiría pasar mi vida cerca de las aves, que desperdiciarla deseando tener alas".
A modo de continuación, y a su vez de conclusión, y citando de nuevo a la paciente del episodio mencionado: "No nacemos iguales". Cada persona es distinta, hay quienes poseen una gran cantidad de capacidades, otros que no; la mente de algunos sobresale incluso entre la de los demás humanos, la de otros a duras penas supera a un Border Collie. ¿Pretender ser inteligente hará que, al final lo seas? Es lo más estúpido que tu previa estupidez podría pensar. Naciste promedio, vive con ello, punto, porque así es tu naturaleza (si hay un promedio, significa que hay alguien bajo él y alguien por encima de él). Por más que el sociólogo todo lo quiera ver desde el punto de vista de la crianza y la educación, el científico siempre ganará con el argumento irrebatible: la genética. No puedes volver listo a un completo imbécil; acaso puede la crianza reducir el grado de estupidez. Ser de bajo intelecto no es una vergüenza; es simplemente formar parte de un inexorable sector de la humanidad. Acéptalo tal cual es y no pretendas volar cuando jamás tendrás alas.
En tierra también se pueden hacer grandes, enormes cosas. Hazlo entonces, sé veloz guepardo y conquista lo que está a tu alcance, y deja de creer que podrías acompañar en su vuelo al águila cabeza blanca.
Au revoir!
miércoles 2 de diciembre de 2009
El feminismo es el vacío. La superficialidad es el vacío.
Hoy sólo dejo una parte de un cuento, cruel por ser portador de verdad... Un hombre se ha enamorado de una mujer sorda, quien le muestra que la pérdida de un sentido le ha hecho comprender precisamente el sentido de cosas aún más importantes que escapan a los oídos no físicos sino del alma de la mayoría de las mujeres.
Si el ego mal acomodado termina por destruir la vida del hombre, en la mujer tal defecto es aun más devastador: la disfraza con una armadura de falsa seguridad ante la vida, de un infundado sentimiento de superioridad sobre el varón, que termina por arrastrarla junto con todo lo que la rodea al abismo de la infelicidad... Aunque haya quien prefiera no darse cuenta.
Fragmento de “La desconocida”, relato de Auguste Villiers de L’Isle-Adam
“La fatalidad, al principio tan dolorosa, de mi desgracia, que se ha cebado sobre mi ser material, me ha librado de muchas servidumbres. Sobre todo, me he librado de esa sordera intelectual de que son víctima la mayoría de las mujeres.
Ha hecho mi alma sensible a las vibraciones de las cosas eternas, y de las cuales ordinariamente las personas de mi sexo sólo conocen su parodia. Sus oídos son sordos a esos ecos maravillosos, a esas sublimes prolongaciones. De suerte que solamente deben a la acuidad de oído la facultad de percibir cuanto hay de instintivo y de exterior en las más puras y delicadas voluptuosidades. Son como las Hespérides, guardianas de esos frutos encantados cuyo mágico valor ignoran totalmente. Ciertamente, yo soy sorda… ¡pero ellas! ¿Qué oyen? O más bien, ¿qué escuchan en las conversaciones, sino un ruido confuso, en armonía con los movimientos fisonómicos de quien las habla? De modo que inatentas no al sentido aparente, sino a la cualidad reveladora y profunda, al verdadero sentido de cada palabra, se contentan con hallar una intención halagadora y que les basta por completo. Es decir, lo que llaman con una sonrisa “lo positivo de la vida”… ¡Oh! Ya veréis si vivís… Veréis qué misterioso océano de candor, de suficiencia y de baja frivolidad oculta únicamente esa deliciosa sonrisa. ¡Intentad expresar a una de esas mujeres el amor encantador, divino, oscuro, verdaderamente estrellado, como la noche, que sienten los seres de vuestra naturaleza!... Si vuestras expresiones llegan a sus cerebros, se deforman allí, como una fuente pura que atraviesa un pantano. De manera que, en realidad, esas mujeres no las habrán oído. “La vida – dicen ellas – es impotente para llenar esos sueños…
[…]
… una mujer no escapa a esa condición de su naturaleza que es la sordera mental, si no es a condición de pagar su rescate a precio inestimable, como yo. Atribuís a las mujeres un secreto porque sólo se expresan mediante actos. Altivas, orgullosas de un secreto que ellas mismas ignoran, les gusta insinuar que se las puede adivinar. Y el hombre que se envanece de ser el esperado adivinador malversa su vida por esposar una esfinge de piedra. Y nadie ve por anticipado esta reflexión: que un secreto, por terrible que sea, si nunca queda expresado, es idéntico a la nada.”
La revolución feminista ha convertido a la mujer en ese tipo de hombre que a mí me entristecía cuando era joven, ese que tenía que trabajar de nueve a cinco de manera aburrida y nunca era dueño de su destino. Ahí es donde acabó su revolución, su asalto al poder.
Norman Mailer
Au revoir!
Si el ego mal acomodado termina por destruir la vida del hombre, en la mujer tal defecto es aun más devastador: la disfraza con una armadura de falsa seguridad ante la vida, de un infundado sentimiento de superioridad sobre el varón, que termina por arrastrarla junto con todo lo que la rodea al abismo de la infelicidad... Aunque haya quien prefiera no darse cuenta.
Fragmento de “La desconocida”, relato de Auguste Villiers de L’Isle-Adam
“La fatalidad, al principio tan dolorosa, de mi desgracia, que se ha cebado sobre mi ser material, me ha librado de muchas servidumbres. Sobre todo, me he librado de esa sordera intelectual de que son víctima la mayoría de las mujeres.
Ha hecho mi alma sensible a las vibraciones de las cosas eternas, y de las cuales ordinariamente las personas de mi sexo sólo conocen su parodia. Sus oídos son sordos a esos ecos maravillosos, a esas sublimes prolongaciones. De suerte que solamente deben a la acuidad de oído la facultad de percibir cuanto hay de instintivo y de exterior en las más puras y delicadas voluptuosidades. Son como las Hespérides, guardianas de esos frutos encantados cuyo mágico valor ignoran totalmente. Ciertamente, yo soy sorda… ¡pero ellas! ¿Qué oyen? O más bien, ¿qué escuchan en las conversaciones, sino un ruido confuso, en armonía con los movimientos fisonómicos de quien las habla? De modo que inatentas no al sentido aparente, sino a la cualidad reveladora y profunda, al verdadero sentido de cada palabra, se contentan con hallar una intención halagadora y que les basta por completo. Es decir, lo que llaman con una sonrisa “lo positivo de la vida”… ¡Oh! Ya veréis si vivís… Veréis qué misterioso océano de candor, de suficiencia y de baja frivolidad oculta únicamente esa deliciosa sonrisa. ¡Intentad expresar a una de esas mujeres el amor encantador, divino, oscuro, verdaderamente estrellado, como la noche, que sienten los seres de vuestra naturaleza!... Si vuestras expresiones llegan a sus cerebros, se deforman allí, como una fuente pura que atraviesa un pantano. De manera que, en realidad, esas mujeres no las habrán oído. “La vida – dicen ellas – es impotente para llenar esos sueños…
[…]
… una mujer no escapa a esa condición de su naturaleza que es la sordera mental, si no es a condición de pagar su rescate a precio inestimable, como yo. Atribuís a las mujeres un secreto porque sólo se expresan mediante actos. Altivas, orgullosas de un secreto que ellas mismas ignoran, les gusta insinuar que se las puede adivinar. Y el hombre que se envanece de ser el esperado adivinador malversa su vida por esposar una esfinge de piedra. Y nadie ve por anticipado esta reflexión: que un secreto, por terrible que sea, si nunca queda expresado, es idéntico a la nada.”
La revolución feminista ha convertido a la mujer en ese tipo de hombre que a mí me entristecía cuando era joven, ese que tenía que trabajar de nueve a cinco de manera aburrida y nunca era dueño de su destino. Ahí es donde acabó su revolución, su asalto al poder.
Norman Mailer
Au revoir!
viernes 20 de noviembre de 2009
Fantasía
El ser humano siempre se ha dejado maravillar por la ilusión de mundos ajenos, de tierras ignotas e incluso incognoscibles. Y es que teniendo el caos dentro, inevitable consecuencia de la inteligencia, hombres y mujeres buscan un refugio en el exterior no sólo de sí, sino de la realidad misma; cruzamos barreras de imaginación y tiempo, haciendo que la primera elimine al segundo evocando lo que conocemos como fantasía.
Cuántos de nosotros soñamos con ser un caballero salvador de un bello reino; cuántas con vivir en un castillo y tener un príncipe que conquiste sus amores con un poema declamado bajo la luz de la luna y las antorchas al pie de la torre que alberga su habitación. Basta con ver la cantidad de personas que aman libros de la clase de El Señor de los Anillos, Narnia y Los Caballeros de Esmeralda (recomendadísimo éste último, por cierto). La raza humana es épica per natura.
Aquellos que critican al soñador no han terminado ni empezado a vivir aún; los sueños son el escape de la vida que permite hacer frente a ella con mayor ahínco y valor. La fantasía de tierras de dragones y caballeros de espada y escudo da a la inteligencia una esperanza que, a diferencia de las que Nietzsche menciona como el tormento del hombre (las sustentadas sobre la realidad y un suceso deseado en el plano de la misma), es un motor perfecto, el sol de un sistema solar conformado en su mayoría de oscuridad pero que jamás se mide con base en ella sino en los planetas que contiene y a los que el astro ilumina.
Debo admitir que sucumbo terriblemente ante el poder de las epopeyas y la narrativa heroica, y debo asimismo señalar que jamás me había sentido más vivo que ahora que los cielos de mi mente son surcados por bestias aladas y lanzas y fuegos de magia. Hoy me veo bajo un ropaje propio de los cuentos medievales, con una espada esmeralda en mi mano (sí, la influencia de Rhapsody of Fire es inocultable) y un corazón vehemente, ardiendo en deseo; los campos se pintan de verde, la gente mira a las alturas para encontrar en Polaris o Benetnasch una bendición y un consejo... y las almas se purifican en el blanco de las nieves del gélido norte.
Au revoir!
Cuántos de nosotros soñamos con ser un caballero salvador de un bello reino; cuántas con vivir en un castillo y tener un príncipe que conquiste sus amores con un poema declamado bajo la luz de la luna y las antorchas al pie de la torre que alberga su habitación. Basta con ver la cantidad de personas que aman libros de la clase de El Señor de los Anillos, Narnia y Los Caballeros de Esmeralda (recomendadísimo éste último, por cierto). La raza humana es épica per natura.
Aquellos que critican al soñador no han terminado ni empezado a vivir aún; los sueños son el escape de la vida que permite hacer frente a ella con mayor ahínco y valor. La fantasía de tierras de dragones y caballeros de espada y escudo da a la inteligencia una esperanza que, a diferencia de las que Nietzsche menciona como el tormento del hombre (las sustentadas sobre la realidad y un suceso deseado en el plano de la misma), es un motor perfecto, el sol de un sistema solar conformado en su mayoría de oscuridad pero que jamás se mide con base en ella sino en los planetas que contiene y a los que el astro ilumina.
Debo admitir que sucumbo terriblemente ante el poder de las epopeyas y la narrativa heroica, y debo asimismo señalar que jamás me había sentido más vivo que ahora que los cielos de mi mente son surcados por bestias aladas y lanzas y fuegos de magia. Hoy me veo bajo un ropaje propio de los cuentos medievales, con una espada esmeralda en mi mano (sí, la influencia de Rhapsody of Fire es inocultable) y un corazón vehemente, ardiendo en deseo; los campos se pintan de verde, la gente mira a las alturas para encontrar en Polaris o Benetnasch una bendición y un consejo... y las almas se purifican en el blanco de las nieves del gélido norte.
Au revoir!
lunes 12 de octubre de 2009
Se busca un Wilson
Cuando se escucha la expresión “alma gemela”, acude a la mente la idea de pareja ideal, de una compañera del amor adecuada para nosotros y solamente para nosotros. Y es que, aunque no podría yo ser excepción a esta regla pues soy un Endimión en espera durmiente de la verdadera Selene (que no hay manera posible de tener la certeza de que la pareja actual es la definitiva), creo que no hay quien no olvide a menudo que hay otra forma de unión y complementación igual de sublime que la romántica y muy probablemente más pura: la amistad.
Pero ya he escrito alguna vez, aunque breve y quizás pobremente, acerca de este lazo de humanidad; mi intención esta vez es abordar el tema desde un punto de vista más preciso e íntimo, algo que sucede en el interior de mi alma. Tal vez con el título de esta entrada ya se ha dado cuenta el lector de por dónde va la cosa…
Está de sobra decir que, debido a mi carácter complicado, mis rasgos de ensimismamiento, la ironía que caracteriza a la exposición de mis argumentos y a mi humor, y la carrera universitaria que ahora curso, algunas personas (yo mismo entre ellas) me identifican con ese infectólogo-nefrólogo de la televisión tan odiado por unos y tan amado por otros; y está igualmente de más hablar de que para una persona tan, digamos, peculiar como un servidor, es sumamente difícil hallar a quien comparta con ella intereses, gustos, ideas y creencias. No obstante que llevo una excelente relación con muchos y muchas, y a pesar de que entre mi gente hay individuos con los que puedo platicar por horas sin aburrirme (y sin aburrirlos a ellos, desde luego), a ratos siento que me hace falta un consejero, un amigo con el que quizás no comparta ni esos intereses y gustos ni esas ideas y creencias de que ya hablé, sino únicamente el cariño, el pensamiento bilateral de “¡cómo admiro a este cabrón!”, un ser humano bastante o completamente distinto a mí pero con la capacidad de entenderme, respetarme, quererme y preocuparse por mí; y no se vea esto por el lado egoísta: no es necesario mencionar que por más cola que tenga para que me sea pisada, si de algo puedo jactarme es de que siempre me he esforzado por descifrar en lo posible a todas y cada una de las personas que comparten (utilizando una metáfora de, precisamente, un capítulo de House M.D.) esta habitación conmigo**.
Me gustaría enormemente tener un Wilson en este mi hospital; ese amigo que fuera de la especie no tendría nada en común con lo que represento y que, sobre todo, hace a un lado su rechazo a lo diferente y su miedo o envidia a un intelecto extenso y terco para aprender de una de esas entidades bizarres que Mills veía como necesarias para el mundo (la obligatoria sombra proyectada en el suelo al recibir el grueso de los cuerpos el impacto de la luz) y, aún más importante en la percepción del genio testarudo, para enseñarle un camino, ofrecerle un igual.
Las contrataciones están abiertas. El departamento de Recursos Humanos estará, mientras dure la sangre llevando a cabo su ciclo natural, recibiendo los currículos de cada uno de aquellos hombres de carácter templado que creen podrían lidiar con, enriquecerse de y enriquecer la vida de un hombre noble que desea no siempre ser el maestro (escuchado o ignorado) y recibir de vez en cuando un buen jalón de orejas… o al menos una opinión digna de ser discutida, no de ser destruida.
Es precioso tener la razón, pero es aún más satisfactorio saber que hay alguien allá afuera que cuando la tienes te apoya y que, muy sobre todo, cuando no cree que estás en lo correcto tiene la fuerza para hacerte ver tus errores garantizando así tu crecimiento. Y que te quiere como a pocos se puede querer, pues eres la segunda rueda de una bicicleta que sin ambas enteras no podría simplemente andar.
Au revoir!
** House a una chica; plática en el cuarto de hospital donde ella se encuentra:
–¿Vas a basar tu vida entera en quién está en esta habitación contigo?
–Voy a basar este momento en quién está conmigo en este cuarto. La vida es así, una serie de cuartos, y quien se queda preso en ellos con nosotros da como resultado lo que es nuestra vida.
Pero ya he escrito alguna vez, aunque breve y quizás pobremente, acerca de este lazo de humanidad; mi intención esta vez es abordar el tema desde un punto de vista más preciso e íntimo, algo que sucede en el interior de mi alma. Tal vez con el título de esta entrada ya se ha dado cuenta el lector de por dónde va la cosa…
Está de sobra decir que, debido a mi carácter complicado, mis rasgos de ensimismamiento, la ironía que caracteriza a la exposición de mis argumentos y a mi humor, y la carrera universitaria que ahora curso, algunas personas (yo mismo entre ellas) me identifican con ese infectólogo-nefrólogo de la televisión tan odiado por unos y tan amado por otros; y está igualmente de más hablar de que para una persona tan, digamos, peculiar como un servidor, es sumamente difícil hallar a quien comparta con ella intereses, gustos, ideas y creencias. No obstante que llevo una excelente relación con muchos y muchas, y a pesar de que entre mi gente hay individuos con los que puedo platicar por horas sin aburrirme (y sin aburrirlos a ellos, desde luego), a ratos siento que me hace falta un consejero, un amigo con el que quizás no comparta ni esos intereses y gustos ni esas ideas y creencias de que ya hablé, sino únicamente el cariño, el pensamiento bilateral de “¡cómo admiro a este cabrón!”, un ser humano bastante o completamente distinto a mí pero con la capacidad de entenderme, respetarme, quererme y preocuparse por mí; y no se vea esto por el lado egoísta: no es necesario mencionar que por más cola que tenga para que me sea pisada, si de algo puedo jactarme es de que siempre me he esforzado por descifrar en lo posible a todas y cada una de las personas que comparten (utilizando una metáfora de, precisamente, un capítulo de House M.D.) esta habitación conmigo**.
Me gustaría enormemente tener un Wilson en este mi hospital; ese amigo que fuera de la especie no tendría nada en común con lo que represento y que, sobre todo, hace a un lado su rechazo a lo diferente y su miedo o envidia a un intelecto extenso y terco para aprender de una de esas entidades bizarres que Mills veía como necesarias para el mundo (la obligatoria sombra proyectada en el suelo al recibir el grueso de los cuerpos el impacto de la luz) y, aún más importante en la percepción del genio testarudo, para enseñarle un camino, ofrecerle un igual.
Las contrataciones están abiertas. El departamento de Recursos Humanos estará, mientras dure la sangre llevando a cabo su ciclo natural, recibiendo los currículos de cada uno de aquellos hombres de carácter templado que creen podrían lidiar con, enriquecerse de y enriquecer la vida de un hombre noble que desea no siempre ser el maestro (escuchado o ignorado) y recibir de vez en cuando un buen jalón de orejas… o al menos una opinión digna de ser discutida, no de ser destruida.
Es precioso tener la razón, pero es aún más satisfactorio saber que hay alguien allá afuera que cuando la tienes te apoya y que, muy sobre todo, cuando no cree que estás en lo correcto tiene la fuerza para hacerte ver tus errores garantizando así tu crecimiento. Y que te quiere como a pocos se puede querer, pues eres la segunda rueda de una bicicleta que sin ambas enteras no podría simplemente andar.
Au revoir!
** House a una chica; plática en el cuarto de hospital donde ella se encuentra:
–¿Vas a basar tu vida entera en quién está en esta habitación contigo?
–Voy a basar este momento en quién está conmigo en este cuarto. La vida es así, una serie de cuartos, y quien se queda preso en ellos con nosotros da como resultado lo que es nuestra vida.
viernes 2 de octubre de 2009
Wind of change
Now I’m leaving my worries behind,
feel the freedom of body and mind.
I’m starting my journey,
I’m drifting away with the wind.
(Stratovarius – “Hunting high and low”)
Es increíble: a veces la vida cambia más en un par de meses que en un par de años; todo depende de las circunstancias que rodean al lapso temporal. Ya he escrito un pequeño artículo sobre la circunstancia, así que no ahondaré demasiado en el punto. Hoy… haré una confesión bastante personal.
Hasta hace poco, y a pesar de que siempre he sido feliz, no vivía plenamente y mucho menos pensaba plenamente; cada uno de mis fantasmas internos me atormentaba día con día, y eran cosa igualmente cotidiana las quejas hacia el mundo (así comenzó mi gusto por la filosofía, evadiendo de cierta forma lo exterior a mi mente rebelándome contra la realidad que dicho exterior alberga). La mayoría de mis meditaciones eran cíclicas, todo era correr como el hámster en su rueda sin llegar a ningún lado. No existía momento en que no me sintiera como un ave en una jaula, como quien ha quedado en estado vegetativo no pudiendo establecer contacto con lo que lo rodea: su mundo es su cabeza, su cabeza es él y él es su mundo.
En el instante actual, y no obstante que mi cuerpo ideológico es casi el mismo, me siento sumamente distinto a antaño, e incluso a hace muy poco. Libre por vez primera, soy el crío al que sus ojos le han permitido finalmente ver con claridad los colores y las formas de la vida y de lo inerte. Hoy soy quien soy; he salido de un autismo causado por el miedo, la frustración sentimental y, por qué no decirlo, por el hecho de haber errado en mi primera elección de carrera universitaria y lo que ello trae consigo.
Siempre fui sociable a pesar de mi acentuada misantropía. Nunca he carecido de ese “éxito” con las mujeres que muchos desean. Nunca he estado solo; tengo una familia maravillosa dentro de la inevitable imperfección de sus miembros y unos amigos (escasos, desde luego) como difícilmente se encuentran. Y sin embargo, solía haber algo que me detenía, que me hacía sentirme vacío, rechazar relaciones y amistades en puerta, usar mi característica facilidad de palabra y peculiar personalidad para ser el filósofo antipático en vez de dejar salir a mi verdadero yo, el hombre detrás de la máscara de hierro. Dejé ir toda clase de oportunidades: escolares, amistosas, amorosas y sexuales, familiares y sociales, por dejarme detener por las sogas y cadenas que ataban mi espíritu; pero ya no más. Hoy, releyendo el libro de mi vida, he descubierto que tengo todo para ser el águila que surca los cielos. Bastaba con darme cuenta de que los nudos y grilletes eran falsos, impuestos por la mente del animal que teme al temor mismo. La mente no es algo que nos pertenezca; por el contrario, nosotros somos su creación y, por tanto, su diversión. Pero siempre hay manera de que el súbdito se subleve ante el rey, el lobo ante el cuervo. Ahora que escribo todo esto, me percato de que incluso escribo mejor que antes, sin palabras muros y barrotes de calabozo en las ideas.
Sartre dijo algo así como que el hombre está destinado a ser libre; que la libertad es algo que nos es inherente, mereciéndola el ser humano por el solo hecho de serlo. También dijo alguna vez, “el infierno son los otros”. Y sin pretender discrepar, dar la contra a uno de los más grandes hombres que han conocido la existencia, he de añadir: precisamente porque la libertad nos corresponde, antes de ser capaces de lidiar con los demonios de ese infierno que el prójimo puede constituir y escapar así de sus hielos**, es preciso derrotar a nuestro más grande enemigo:
Si el infierno son los otros, cada cual es del diablo de sí mismo. Y obtener la victoria en la batalla en su contra es el único camino de derretir las paredes de Plutón.
Au revoir!
**La visión dantesca del infierno (a la cual me apego fervientemente) lo señala como un sitio gélido, a diferencia de la imagen judeocristiana típica que lo muestra como lo exactamente opuesto.
feel the freedom of body and mind.
I’m starting my journey,
I’m drifting away with the wind.
(Stratovarius – “Hunting high and low”)
Es increíble: a veces la vida cambia más en un par de meses que en un par de años; todo depende de las circunstancias que rodean al lapso temporal. Ya he escrito un pequeño artículo sobre la circunstancia, así que no ahondaré demasiado en el punto. Hoy… haré una confesión bastante personal.
Hasta hace poco, y a pesar de que siempre he sido feliz, no vivía plenamente y mucho menos pensaba plenamente; cada uno de mis fantasmas internos me atormentaba día con día, y eran cosa igualmente cotidiana las quejas hacia el mundo (así comenzó mi gusto por la filosofía, evadiendo de cierta forma lo exterior a mi mente rebelándome contra la realidad que dicho exterior alberga). La mayoría de mis meditaciones eran cíclicas, todo era correr como el hámster en su rueda sin llegar a ningún lado. No existía momento en que no me sintiera como un ave en una jaula, como quien ha quedado en estado vegetativo no pudiendo establecer contacto con lo que lo rodea: su mundo es su cabeza, su cabeza es él y él es su mundo.
En el instante actual, y no obstante que mi cuerpo ideológico es casi el mismo, me siento sumamente distinto a antaño, e incluso a hace muy poco. Libre por vez primera, soy el crío al que sus ojos le han permitido finalmente ver con claridad los colores y las formas de la vida y de lo inerte. Hoy soy quien soy; he salido de un autismo causado por el miedo, la frustración sentimental y, por qué no decirlo, por el hecho de haber errado en mi primera elección de carrera universitaria y lo que ello trae consigo.
Siempre fui sociable a pesar de mi acentuada misantropía. Nunca he carecido de ese “éxito” con las mujeres que muchos desean. Nunca he estado solo; tengo una familia maravillosa dentro de la inevitable imperfección de sus miembros y unos amigos (escasos, desde luego) como difícilmente se encuentran. Y sin embargo, solía haber algo que me detenía, que me hacía sentirme vacío, rechazar relaciones y amistades en puerta, usar mi característica facilidad de palabra y peculiar personalidad para ser el filósofo antipático en vez de dejar salir a mi verdadero yo, el hombre detrás de la máscara de hierro. Dejé ir toda clase de oportunidades: escolares, amistosas, amorosas y sexuales, familiares y sociales, por dejarme detener por las sogas y cadenas que ataban mi espíritu; pero ya no más. Hoy, releyendo el libro de mi vida, he descubierto que tengo todo para ser el águila que surca los cielos. Bastaba con darme cuenta de que los nudos y grilletes eran falsos, impuestos por la mente del animal que teme al temor mismo. La mente no es algo que nos pertenezca; por el contrario, nosotros somos su creación y, por tanto, su diversión. Pero siempre hay manera de que el súbdito se subleve ante el rey, el lobo ante el cuervo. Ahora que escribo todo esto, me percato de que incluso escribo mejor que antes, sin palabras muros y barrotes de calabozo en las ideas.
Sartre dijo algo así como que el hombre está destinado a ser libre; que la libertad es algo que nos es inherente, mereciéndola el ser humano por el solo hecho de serlo. También dijo alguna vez, “el infierno son los otros”. Y sin pretender discrepar, dar la contra a uno de los más grandes hombres que han conocido la existencia, he de añadir: precisamente porque la libertad nos corresponde, antes de ser capaces de lidiar con los demonios de ese infierno que el prójimo puede constituir y escapar así de sus hielos**, es preciso derrotar a nuestro más grande enemigo:
Si el infierno son los otros, cada cual es del diablo de sí mismo. Y obtener la victoria en la batalla en su contra es el único camino de derretir las paredes de Plutón.
Au revoir!
**La visión dantesca del infierno (a la cual me apego fervientemente) lo señala como un sitio gélido, a diferencia de la imagen judeocristiana típica que lo muestra como lo exactamente opuesto.
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